A finales de la década de los treinta, comenzó a formarse algo así
como un consenso entre los educadores estadounidenses con respecto a la
cuestión de la organización y la selección del currículum. Desde su fundación
en 1931 y hasta principios de la década de los cincuenta, la Review of Educational Research, un
importante vehículo para la divulgación de las investigaciones sobre el
currículum, estaba saturada de artículos que describían algunas alternativas
para las disciplinas académicas como elementos organizadores del currículo
(Franklin, 1999).
En un artículo de la misma Revista de 1948, Harl Douglas, Henry
Otto y Stephen Romine plantearon que mientras que el patrón que dominaba en
cuanto a la organización del currículum continuaba siendo la de las asignaturas
enseñadas de forma separada, la tendencia parecía apuntar hacia la integración.
Incluso señalaron que en un estudio a nivel nacional se mostró que en las más
de 500 escuelas analizadas, solo la mitad indicó que estas enseñaban historia y
geografía como asignaturas separadas.
Durante la próxima década este consenso se solidificó bajo la
bandera de la educación adaptada a la vida. Un movimiento con varias
corrientes de pensamiento, dependiendo de quién explicara su significado, ha
sido asociado a los principios de eficiencia social, con algunas tendencias de
educación centrada en los niños, particularmente con la actividad curricular, y
con la filosofía de John Dewey, William Heard Kilpatrick, y del llamado
movimiento de la educación progresiva.
Los defensores del movimiento de adaptación a la vida favorecieron
una educación decididamente funcional. Consideraban que las escuelas debían
dirigir su atención a dar solución a las necesidades más inmediatas de los
estudiantes. La enseñanza debía requerir menos lectura y escritura por parte de
los estudiantes, emplear materiales que los ayudara a enfocarse en lo concreto
y no en lo abstracto, y apoyarse más en el uso de materiales audiovisuales,
además de viajes al campo y otras experiencias fuera de la escuela. A los
estudiantes se les debía de permitir un contacto más amplio con los profesores
para capacitarlos a la vez que un mayor período de tiempo dedicado a la
orientación. Y lo que es aún más importante, el currículum debía ser organizado
“de acuerdo”.
Poco a poco las cosas fueron cambiando y surgieron muchas
modificaciones que a lo largo del tiempo han traido beneficios para todos, en
la buena tendencia de la educación para la adaptación a la vida, los
Conocimientos Comunes integró el contenido de estas dos asignaturas alrededor
de un grupo de problemas que incluyeron la conservación de los recursos
naturales, la convivencia familiar y el conocimiento de uno mismo, el gobierno
de la ciudad de Miniápolis, administración financiera y el mundo laboral.
A pesar de la oposición a la educación adaptada a la vida, estas
nuevas reformas curriculares centradas en las disciplinas eran controvertidas
en su propio derecho, por esto interferían con su total adopción. Algunos
simpatizantes con estas reformas, incluyendo al propio Zacharias, tenían dudas
acerca de la utilidad de la noción de estructura como concepto organizador para
las disciplinas.
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